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Rezar el Rosario con la Capilla
de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

¿El Rosario? ¡ Un tesoro por descubrir!

¿Has visto algún rosario?
Es una cadena, pero dulce cadena, que nos une a Dios, nuestro Padre, y también a los demás, nuestros hermanos en Cristo.
Esta cadena filial y fraternal converge en la cruz, porque es Cristo quien abre el camino de la oración y nos conduce por él.
«Recitar el rosario no es otra cosa que contemplar con María la figura de Cristo » (Carta sobre el Rosario , Juan-Pablo II - 16 octobre 2002).

Historia del Rosario

Los orígenes
Desde los primeros tiempos de la Iglesia, María estaba unida a su Hijo Jesús en el amor de los cristianos y en la plegaria de los fieles.
En el siglo III, los fieles se dirigen a María retomando las palabras del ángel Gabriel en la Anunciación: Ave, gratia plena.
En el siglo IX, la antífona del ofertorio del 4º domingo del Adviento añade al saludo del ángel a María la exclamación de Isabel en el momento de la Visitación. Sólo se añadió al texto el nombre de María. Así será, hasta final del siglo XVI la primera fórmula del Dios te salve María.
En el siglo XII, la devoción a María se acrecienta de una manera importante en Occidente. Esta antífona del Ave María se convierte en plegaria popular en Occidente al mismo tiempo que en Oriente se repite el nombre de Jesús en lo que se llama plegaria del corazón. En los monasterios, el Ave María reemplaza poco a poco a los Pater Noster que recitan los hermanos conversos mientras que los monjes cantan los salmos en latín.
Es probable que bajo la influencia indirecta de los musulmanes encontrados durante las peregrinaciones a Tierra Santa o en las primeras cruzadas, se empezaran a utilizar cuerdecillas anudadas y después granos ensartados, para contar las Ave Marías.
En el siglo XIII, la gran mística santa Gertrudis añadió el nombre de Jésus al final del Ave María.
En el siglo XIV, gusta coronar las estatuas de la Virgen con sombreritos de flores, o con guirnaldas de rosas o «rosarios», igual que los que ponían a las niñas y jovencitas para peinarlas en los días de fiesta. Por eso se llaman de esta manera las cuerdecillas y los granos ensartados que sirven para contar los Padrenuestros y las Ave Marías. ¡Cada Ave María es como una rosa ofrecida a la Virgen María!

Domingo el Cartujo, padre del Rosario

En el siglo XV, en Prusia (Alemania), el prior de la Cartuja de Treves aconseja a un novicio recitar 50 Ave Marias meditando la vida de Jesús. El joven Domingo redacta entonces 150 meditaciones cortas (o cláusulas), el mismo número de los salmos, no sólamente en latín sino también en alemán. Al prior le agradó esta proposición y la envió a varios monasterios de su orden.
Poco a poco, para facilitar la memorización, se pasó al uso de reagrupar las Ave Marías en decenas, introduciendo cada una por un Padrenuestro y terminándola por un Gloria. Se redujo así considerablemente el número de cláusulas que pasaron de 150 a 15.
El Rosario nació así. Se le llama también Salterio de María.
Después, el uso lo dividió en tres partes de cinco decenas cada una.
Su difusión se debe al hermano Alain de la Roche, nacido en Bretaña en 1428, entró en la Orden de Predicadores (dominicos). Predicó en Flandes y después en Lille donde, en contacto con los monasterios cartujos, descubrió las cláusulas de Domingo de Prusia que le entusiasmaron. Se convirtió en el gran apóstol del Rosario. Predica la creación de las Cofradías del Rosario cuyo éxito es inmenso, hasta en Italia y en el resto de Europa occidental.
Curiosamente, Alain de la Roche atribuye el origen del Rosario a santo Domingo, el fundador de su orden, muerto en 1221. Sin ningún fundamento histórico, esta leyenda será repetida hasta una época reciente.
Àl final del siglo XV, aparece la fórmula «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores».

La oración del pueblo cristiano

En el siglo XVI, la imprenta permite multiplicar los folletos adornados con grabaciones que representan los «misterios» elegidos para las meditaciones.
En 1571, el Papa Pio V, dominico, instituye el 7 de octubre (que ya era fiesta de la cofradía) la fiesta de Nuestra Señora del Rosario en acción de gracias por la victoria de Lepanto contra los Turcs, considerada como un milagro obtenido por la oración del Rosario en la que toda la cristiandad estuvo implicada por peticón suya.
En 1572 el mismo Pio V hace oficial la lista de los quince misterios. El Rosario se convierte en la oración del pueblo cristiano.
A lo largo de los siglos, grandes cristianos le unirán sus nombres.
En el siglo XVIII, Luis-María Grignion de Montfort es el gran apostol del Rosario.
En el siglo XIX, Paulina Jaricot lanza el Rosario viviente; en la gruta de Lourdes, en 1858 , Bernadette Soubirous recita el rosario con la Santísima Virgen; Bartolo Longo funda en Pompeya un santuario dedicado a la Virgen del Santo Rosario; el Papa León XIII dedica a esta oración doce encíclicas, lo que hace que se le llame «el Papa del Rosario».
En el siglo XX, en Fátima, en 1917, la misma Virgen declara a tres niños : «Soy Nuestra Señora del Rosario. He venido para exhortar a los fieles a recitar diariamente el rosario, a hacer penitencia por sus pecados y a cambiar de vida».
En este comienzo del siglo XXI, el Papa Juan Pablo II proclama el 7 de octubre de 2002 un año del Rosario. Añade a los quince misterios, gozosos, dolorosos y gloriosos, los cinco «nuevecitos » misterios luminosos.
¡Y ahora… nosotros!

Fundamentos del método

¡Por el mar de la vida, naveguemos con María! Los misterios de la vida de Cristo que contemplamos con Ella en el Rosario, serán nuestras balizas. Según sea nuestro rumbo, gozoso, luminoso, doloroso o glorioso, como la mar refleja el cielo, nuestras jornadas tendrán un color espiritual.
Una oración litánica.
¿Es muy aburrido repetir?... Puede que no, si nos dejamos invadir por el misterio del amor que no deja de mirar a la persona amada... En Cristo, Dios no sólamente tiene un corazón divino sino también un corazón humano. « ¿Me amas ?» pregunta Jesús por tres veces a Pedro. Tres veces, Pedro responde:  «Señor, tú sabes que te amo» La hermosura de esta repetición, que expresa el amor, se encuentra también en el Rosario.
Dejar hablar a Dios
Aunque nos sea muy conocido el pasaje del Evangelio que se expone al comienzo de cada decena, introduciéndonos en el misterio, éste está enunciado para hoy y para cada uno de nosotros. En el silencio interior, la Palabra de Dios actúa en nosotros con una eficacia particular.
El recurso a la imaginación
Los veinte misterios del Rosario son como veinte cuadros que nos hacen penetrar más profundamente en la intimidad de Jesús y de María. Compongamos la decoracción transportándonos en espíritu al lugar indicado, o mirando una estampa para dirigir nuestra imaginación hacia el episodio de la vida de Jesús y de María.
Pedir una gracia
Contemplando el misterio y escuchando nuestro corazón, pidamos a Jesús, por intercesión de su Madre, la gracia que nos hace falta para poner en práctica, a lo largo del día, el Evangelio meditado.

Rosario, manera de recitarlo

Escojamos entre las cuatro series de misterios, la que vamos a meditar con el rosario. La Iglesia aconseja un cierto orden.
Consultar : Misterios Gozosos ; Misterios Luminosos ; Mysterios Dolorosos Misterios Gloriosos.
Al principio del rosario, la Señal de la Cruz es el punto de partida en nuestro camino de contemplación. Después afirmamos nuestra fe diciendo el Credo.
En la primera cuenta, un Padrenuestro: Jesús quiere introducirnos en la intimidad de su Padre. ¡Qué honor para nosotros! Al enseñarnos a llamar « Padre » a Dios, nos hace sus hermanos y hermanos entre nosotros.
En las tres cuentas siguientes, tres Avemarías :
Al repetir las palabras alegres del angel Gabriel y de Isabel a la Virgen María, compartimos su admiración ante la obra maestra de Dios.
En medio de la oración, el nombre de Jesús: sólo por El nos viene la salvación.
Después, fortalecidos por la relación privilegiada de María con Jesús, confiamos nuestra vida y la hora de nuestra muerte a la intercesion de la que es Madre de Dios.
Después un Gloria:
Nuestra perspectiva, ¡el misterio de la Trinidad!
Se recitan a continuación las cinco decenas. En cada una, se considera primeramente un acontecimiento de la vida de Jesús y de María narrada en el Evangelio. Después en la primera cuenta, un Padrenuestro, y diez Avemarías en las cuentas siguientes.
Se termina por un Gloria.
Se puede concluir el rosario con la invocación de la Medalla Milagrosa:
¡Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti!

En el nombre
del Padre
y del Hijoy
del Espíritu Santo

Amén.

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, y al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielosy está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.Creo en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados y en la resurrección de los muertos y en la vida eterna. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en el tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden y no nos dejes caer en la tentación mas líbranos del mal . Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.Amén.
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

¡Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti!

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