Luisa de Marillac

Santa Luisa sentía un amor inmenso por la Virgen María:

“Me entrego a ti, Virgen Santísima, para entregarme más totalmente a Dios”.

A pesar de las controversias que existían en la Iglesia, Luisa está convencida de la Concepción Inmaculada de la Madre de Dios y desea que ésta sea aceptada y celebrada ya que

“La Virgen Santísima es la única criatura pura que le fue siempre agradable a Dios”.

Según sus deseos, las Hijas de la Caridad, cuando rezan el rosario, añaden al fin de cada decena la siguiente invocación, la que aparece en letras de oro en la cúpula de la Capilla:

“Santísima Virgen, creo y confieso tu santa e inmaculada concepción”.

En 1644, Santa Luisa consagra a la Compañía de las Hijas de la Caridad a la Virgen María, durante una peregrinación a Chartres. Las últimas palabras de su testamento espiritual revelan su devoción mariana:

« Cuidad mucho de servir a los pobres y en particular, de vivir juntas en una fuerte unión y cordialidad, queriéndose unas a otras, para imitar así la unión y la vida de Nuestro Señor, y rogad mucho a la Santísima Virgen que sea vuestra Unica Madre. »