Con María
1. Hacerse humilde comme Marie
María confesaba que todo en ella era don de Dios. Guardaba secretos los favores celestiales con los que había sido agraciada, aun a su mismo esposo. Atribuía a Dios las alabanzas que recibía. Se colocaba en el último lugar, en el servicio a los demás. No temía los desprecios: no se le vio en Jerusalén el día de Ramos, cuando el pueblo recibía a su Hijo con tanto honor, pero no dudó en aparecer en el Calvario donde se le reconocía como la madre del condenado.
Santa Catalina, tú has guardado en el silencio la maravillosa gracia de haber visto a la Santísima Virgen. Ruega por mí cuando busco el valorarme en detrimento de los demás
Oh María, Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra, tú que tuviste horror al orgullo, ponme la vestidura de la humildad.
Y acuerdate de… (mi intención particular)
Padrenuestro, Ave María, Gloría al Padre…
¡Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti!